Reflexión 3° Adviento

Reflexión 3° Adviento

El Príncipe de paz

¡Paz! El anhelo de millones de seres humanos, entre los cuales podemos contarnos. Anhelemos verla realizada en nuestra vida, en nuestro contexto, en nuestro interior. Pero… es la guerra la que ha sido realidad constante en la historia de la humanidad con sus nefastas consecuencias. Pareciera ser que el espíritu humano trae consigo la impronta del conflicto, tal vez hemos olvidado, o, hemos perdido la esperanza de vivir de la paz. Hemos perdido la esperanza de vivir en paz. Y se pasea en nuestro íntimo una sensación de insatisfacción inconsciente, que nos empuja hacia una legítima búsqueda, pero muchas veces centrada sólo en lo inmanente, como respuesta posible a esta inquietud. La característica de lo inmanente es que una vez conseguido vuelve a generar vacío. Y el vacío insatisfacción; y el círculo no se cierra, es más: se transforma en una espiral que nos consume. San Agustín enseña que lo inmanente es la propiedad por la que una determinada realidad permanece como cerrada en sí misma, agotando en sí su ser y su acción. Así todo lo inmanente se entiende como una realidad insuficiente. En oposición, aparece lo trascendente.

¿Somos más felices, como seres humanos, al abocarnos enérgicamente a la consecución de bienes inmediatos, como si encontrásemos en ellos la respuesta fundamental que consciente o inconscientemente necesitamos como sustento de nuestra existencia? Parafraseando al astrónomo Carl Sagan en su novela “Contacto”: “Hemos conseguido grandes progresos inmediatos. Nos paseamos por la red, tenemos cientos de amigos virtuales, nuestro mundo se ha ampliado; pero al mismo tiempo nos sentimos más solos y más aislados que en cualquier otro momento histórico. Nos hemos convertido en una sociedad sintetizada, con prisa por llegar a la “meta”, pero hemos perdido el significado de nuestra existencia. Tenemos trabajos absorbentes, vacaciones aceleradas, compras financiadas con déficit en centros comerciales en donde compramos más y más para llenar espacios vacíos en nuestras vidas. Creo que hemos perdido nuestro sentido de orientación”. ¿Está el encuentro con mi paz ligado únicamente a lo inmediato? Desde el punto de vista bíblico la respuesta es no. Bíblicamente ese encuentro está ligado al despertar de nuestra dimensión trascendente, entendida como la superación de nuestros propios límites: es decir, existimos para mucho más que lo aparente. Y una vez que tomamos conciencia de ello nuestra búsqueda se enfoca en otros bienes. Bienes que realizan nuestra dimensión espiritual, que es el lugar en donde se realiza la paz permanente.  Pastor Esteban Alfaro.