Un antes y un después (Is 62:1-5).
“¿Dónde está Dios? Lo que no se ve, no existe”, reza cierto pensamiento contemporáneo. El ser humano actual, frustrado por el incumplimiento de sus expectativas, tiende a prescindir de Él, esto es, a no buscarle, a no oír su Palabra, a no considerarle;
quizás, sí, ante el fracaso extremo. Pero, esto no es algo nuevo en su historia. También pasaba en tiempos del profeta: “No se sentirán más desamparados; y habrá gozo como el de una fiesta de matrimonio” -dice Isaías al pueblo.
¿Cuál es la base de nuestra vida como cristianos? La realidad de la irrupción de Cristo marcó un antes y un después para sus discípulos, y para las primeras comunidades. Sus vidas transcurrieron sobre un doble eje doble, de redención y liberación, demarcando un nuevo camino por sobre los vaivenes de la vida cotidiana. No suprimiéndolos, sino “por sobre”. Redención y liberación de todo lo que aleja al ser humano de Dios, es decir, de todo lo que lo sumerge en el pecado del mundo y en su propio mal, condicionándolo a vivir una vida a medias, sumergida en el miedo, el agobio y la desesperación.
Redención y liberación es la presencia de Dios en medio de su pueblo, la salvación que Él nos da. Es lo que celebramos en este tiempo, y a lo que se nos
invita cada día: vivir esta salvación. ¿De qué manera? Girando diariamente la mirada hacia el Cristo que está frente a ti, y arrojarnos al calor de sus brazos seguros. El mundo actual busca refugios inseguros. Necesita ser salvado, pero no lo pide, o busca en los peores
lugares. ¿Cómo, entonces, puede ser redimido? Es necesario que los creyentes le ayudemos a girar la mirada y a caminar hacia el Señor. ¿Cómo? Con nuestras palabras y obras, con nuestro testimonio. Hemos gozado de su redención y liberación, y hemos de compartirla del mismo modo que nos ha sido dada, por sola gracia. La comunidad cristiana
debe ser espejo de su presencia en medio suyo y de su acción redentora y liberadora. Esto deja ver a Dios en medio de las oscuridades que nublan los caminos de quienes no le conocen, y cuando vemos a Dios, se hace la Luz, y todo cobra un nuevo
sentido: hay un antes y un después.
Les saluda Pastor Robinson Reyes